¿Porque esperar a que ocurra? Parejas y situaciones

Hace años dos “prácticos” psicoterapeutas de familia/pareja, O´Hanlon y Hudson, contaban en alguna de sus sesiones una breve historia.

Una chica sale del trabajo, en un día especialmente lluvioso y altas horas de la noche. Mientras espera el bus de regreso a su casa, ve como un coche se para a su altura y la invita con voz cercana, buenos modales y cercanía, si quería que la llevase a algún sitio.

Ella tuvo sus lógicas dudas, pero le pareció agradable y subió al auto.

Al momento la conversación fluía, el tiempo volaba y sin darse cuenta estaba indicándole que habían llegado a su destino.

Una cosa llevo a la otra y pasaron la noche juntos.

Al despertarse, como suele ocurrir en las pelis americanas, el chico ya no estaba.

Desilusión por un lado y satisfacción por el otro.

Ella no recordaba lo cómoda que se había sentido y lo agradable de esa experiencia.

Quiso retomar contacto con este chico. Se dio cuenta que no sabia sus apellidos, ni tenía un teléfono de contacto, ni tan siquiera recordaba el modelo de coche.

Desesperada en sesión con su terapeuta le pregunta qué hacer y este sin pensarlo dos veces le responde: Esperar a que vuelva a llover.

La filosofía hedonista habla de encontrar la felicidad, como si de una meta vital se tratara. Tremendo mito, idea errónea y meta baldía que ha llevado y lleva, al mundo humano, por caminos de desesperación.

Los “meditadores” actuales han resuelto este camino de forma sencilla: acepta las cosas de la vida tal cual aparecen.

Pienso pienso que :

Hay situaciones que llegan o se dan. Solo se ha de estar en disposición de que ocurran, solo han de estar en nuestras cabezas y aprovechar el momento.

Es, en principio y fin, una actitud proactiva. Solo nosotros somos dueños de nuestro destino, bueno, conformémonos de nuestro actos.

Así, esos momentos, esas vivencias, esas situaciones se hacen satisfactorias. Que no felices.

La felicidad debería ser entendida como una consecuencia de los actos y por lo tanto tendrían un carácter efímero que a su vez motivan a su búsqueda.

Si estar con la pareja se hace una situación satisfactoria eso nos puede hacer sentir felices, estar felices de continuo no es gratificante, se pierde en poco tiempo.

Los humanos somos animales muy exigentes y siempre deseamos algo más.

Si la protagonista de la historia hubiera pedido el teléfono quizás hubiera podido gobernar su destino y volver a verse con el conductor desconocido, pero quizás nada hubiera sido igual esa tarde noche.

Fue feliz mientras duró.

¿Qué hubieras preferido?

¿Disfrutar de ese hecho en lo que durara o haber pedido el teléfono?

¡Siempre en la disyuntiva! el mejor criterio para tomar tal decisión, de nuevo sería,” pide lo que necesites” , incluso en pareja eso funciona infaliblemente, mejor que en otros contextos pues existe máxima confianza.

Si las cosas no van bien, nos aburrimos, la conversación no fluye, el tedio se adueña, la idealizada felicidad no llega…. La pregunta es sencilla: qué ocurre y qué puedo hacer.

Manos a la obra. Pienso que si pidiéramos lo que esperamos en ese momento todo sería más fácil para la pareja, y para nosotros. La pareja sabría a que atenerse y no errar en/con los habituales comportamientos.

Pedir lo que necesito es:

  • aprovechar el momento,

  • buscar sentirme bien,

  • compartir

  • unir y

  • no arrepentirse de no haber pedido el teléfono y estar al día siguiente “sin vida”.

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