Siete treinta de la mañana, Juanito se despierta somnoliento, desganado hacía tiempo que no madrugaba.

¡Venga Juanito, perezoso, arriba, debemos llegar temprano en tu primer día del nuevo curso!
Acababa de recordar el motivo de aquel madrugón, y desde luego el interés era mínimo. Aún recordaba el esperado final de curso que había resultado… bueno como casi todos los anteriores, nefasto.

Le habían quedado seis asignaturas y todas ellas de difícil recuperación para tan poco tiempo estival.

Naturales y sociales, matemáticas y lengua, desde luego el indigesto inglés. Y para más rabia, religión pues no se acordó de entregar en el último intento un trabajo que le salvaría el curso.

Tenía once años debería de iniciar sexto de primaria pero todos los años le ocurría lo mismo.

Leía los textos y no los recordaba, las letras y algunas palabras se enmarañaban.

Todo era similar al leer. Estudiaba largas horas de la tarde y sin embargo en los exámenes era la última nota, en ocasiones un dos o un tres (por asistir y por firmar decía su tutor).

Cuando le pedían leer en voz alta temblaba pues titubeaba, volvía al inicio de la frase o se perdía en los renglones.

Cuando debía escribir no recordaba, le costaba encontrar las palabras que de repente parecían desaparecer en algún recodo de su cerebro. Escribir más de dos líneas seguidas era como redactar un poema. ¡Buf! odiados poemas, las rimas finales eran como jeroglíficos egipcios y la letra sanscrito fuera de línea…

En fin, tanto esfuerzo realizado para esto y lo que me queda. Solo pensaba en salir al patio, pero a veces el baloncesto o la comba también se enmarañaban, pero esta vez en sus manos y pies. Los compis podían reírse de él por este motivo.

Juan paulatinamente iba entendiendo que no era igual que los demás, pero no tenía claro qué hacer.

De igual modo sus padres desesperados por los esfuerzos diarios con los deberes, los enfados de Juanito que ya no quería hacerlos, el incremento de notas en la agenda sobre los olvidos y errores del hijo empezaron también un poco a tirar la toalla.

En el cole les decían que podían esperar un poco, que quizás fuera un retraso y que en el tiempo podría recuperar… o repetir como estaba y ya a punto de ocurrir.

Esto sería un poco la descripción genérica de un niño escolarizado para el que los padres desesperanzados solicitarían consulta en un especialista en el tema de las dificultades de aprendizaje.

Las dificultades de aprendizaje o trastornos del aprendizaje son un grupo de síntomas que se repiten en el tiempo entorpeciendo el normal desarrollo de las personas en el campo del aprendizaje, fundamentalmente académico.

Pueden presentar una lectura imprecisa o lenta y con esfuerzo.

Tienen dificultad para comprender el significado de lo que acaban de leer.

Pueden tener problemas para expresar por escrito lo que han estudiado.

En ocasiones, estas dificultades se manifiestan también en el manejo de los números y el razonamiento matemático.

Los resultados académicos están por debajo de lo deseado para su edad.

Estos síntomas aparecen en la edad escolar y no se explican por otros factores de tipo intelectual, mentales,….

Cuando el niño o niña manifiesta dificultades tanto en el área lingüística como en la escrita se habla de dislexia, que lógicamente ha de ser valorada para su confirmación o no y determinar el tipo de problema que está presente en el observado retraso académico observado.

Las dificultades en la lectura se miden por la precisión de palabras, oraciones y textos; por la velocidad de lectura o su fluidez lectora y por la comprensión de la misma.

A su vez, las dificultades de la expresión escrita son valoradas por:

  • la corrección en la ortografía
  • la corrección gramatical y empleo de los signos de puntuación en el texto y
  • la organización y claridad de la expresión escrita.

Todo esto implica un proceso evaluativo en el que se enfrenta a la persona a una serie de pruebas estandarizadas para tal fin y que nos van indicando los errores, las capacidades y la gravedad del posible diagnóstico en el tema de la dislexia.

Recomendamos a todos los padres que se identifiquen con algunas notas aportadas en este texto ilustrativo que no duden en contactarnos y sopesar en función de la situación, sin dejar pasar el tiempo académico en espera de una posible maduración. Estas dificultades no tienen que ver con un bajo nivel de inteligencia, precisan de la adquisición de estrategias para su mejora y son por sí solas claras evidencias de futuros fracasos escolares.

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