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Crisis familiares

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En anteriores momentos hemos hablado sobre las relaciones familiares en etapas de crisis. Concretamente en el contexto vital en el cual uno o ambos  de los “fundadores”, uno de los abuelos entra en la triste e irreversible etapa de  deterioro cognitivo. Tan frecuente dado la avanzada edad en la que se fallece.

Las familias en muchas ocasiones se polarizan y enfrentan.  La comunicación tan esencial en la especie humana, se vuelve   vacua e inútil hasta agresiva y resulta difícil el entendimiento y la toma de decisiones respecto a los abuelos, entre los hermanos e incluso entre estos y el abuelo o abuela que aún conserva capacidad de razonar, sentir y ser consciente de las situaciones.

Distanciamiento familiar

Con el tiempo se pueden hacer intentos de retomar el contacto entre los hijos pero difícilmente se vuelve a etapas anteriores y mejores en la relación. De repente un mundo desconocido aparece entre ellos y los distancia haciéndolos más diferentes y desconocidos. Los intereses son distintos y negociar un tema resulta una tarea casi insalvable.

Las propuestas realizadas por una parte son entendidas como intromisiones por la otra parte y motivo de obsesivo pensamiento paranoico siempre perverso sobre el otro. La sospecha se hace valer. El dicho castellano de “piensa el ladrón que son todos de su condición” encuadra este contexto. Resultando por tanto un caldo de cultivo para el desarrollo de problemas emocionales tipo ansiedad y depresión así como descontrol de impulsos (ira, agresividad), estrés…

Son momentos de estar por encima de los prejuicios desbordados y momentos de ser adultos responsables. Alguien tiene que hacerse cargo de  la situación. Esto lo saben toda la prole de descendientes pero unos por otros dejan pasar el tiempo sin decidirse. Fundamentalmente por temor, desafecto, venganza o irresponsabilidad innata. En cualquier caso irresponsabilidad consciente. Dicho sea de paso los servicios sociales en general también caen y practican en estas irresponsabilidades cuando proclaman ayudas que tardan o no llegan, cuando llegan exigen trámites infinitos para los hijos e hijas encargados, y cuando practican la rigidez excluyente, pues todo está tan determinado que se quedan personas y flecos sin atender.

Sentimiento de culpa

Pero volviendo al tema principal. Aquel que más pese sobre él o ella la sensación de culpa, que no la culpa real por algún motivo pasado, es quien habitualmente se hace cargo o decide dirigir el tema. Es la persona que más críticas y rechazos generara incluso entre el abuelo o abuela consciente.

Una reacción inmediata del abuelo/abuela aún consciente, es intentar  ver a todos y todas de la misma manera y  tratarlos al mismo nivel. Esta es una costumbre mítica, vista desde la idea de que todos los hijos son iguales, que a su vez, resulta de una vieja, truculenta y machista creencia cristiana (todos los hombres son iguales ante los ojos de dios, como “pater” supremo). A su vez,  este funcionamiento que intenta la paridad entre los hermanos, solo genera desvaloración, poco reconocimiento y mayor esfuerzo en hacerlo mejor, por parte de este miembro más responsable.

El final será el aumento del rencor, la enfermedad de ese hijo y la ruptura tras el primer fallecimiento de la familia que nunca volverá a ser la misma.

Por añadidura este, digamos simplemente, malestar psicológico o estado psicológico se expande a las familias de esos miembros familiares responsables e incluso a las familias extensas. Puede generar con gran probabilidad rupturas de pareja.

¿Será esto una característica del ser humano en su evolución individual?, ¿será esto una característica genéticamente impresa en nuestro ADN que sirva con algún fin de autoprotección de la especie?, ¿será esto una característica fruto de la inmadurez personal ocasionado por una educación que como en tantas cosas da visos de ser errónea?

Particularmente me decanto por la tercera posibilidad. Seguro que existen otras.

Colaboracion familiar

En esta hipótesis se maneja la idea de crecer en un entorno facilitador, que no educa en consecuencias, que facilita la escapada como vía de solución, y a su vez el temor a responsabilizarse o hacerse cargo en los momentos cruciales de temas trascendentes. Que afectan lo más profundo o íntimo o esencial de cada persona y que nos lleva a pensar, si queremos en nuestra capacidad de servicio, de entrega de cooperación…y por tanto pone en tela de juicio el concepto de lo “humano”. Seres vivos pro-sociales por necesidad vital. Lo cual puede llevar al utilitarismo egocentrista que caracteriza muchos de los actos de las personas.

Y claro está que esta situación referida al inicio enmarca una situación de necesidad de colaboración colectiva nada egoísta y dura. Así pues el contexto planteado nos lleva a cambiar de idea, comportamiento y de función. Pero no todos, ni para todo están dispuestos en momentos cruciales. Algo así como sálvese el que pueda.

En este apartado hasta los abuelos se ven influidos, en ellos también se observa comportamiento egoísta y decisiones muy llevadas por las emociones críticas de estos momentos. Pero más aceptables por cuanto de sus  comprensibles limitaciones y la necesidad vital de estos, sobrevivir lo mejor posible.

La conciencia de las cosas

El malestar nos lleva en demasiadas ocasiones a reaccionar así, como resorte defensivo de o ante lo que se avecina, sin pensar que precisamente esto, nos hace más débiles. Si algo caracteriza al humano es su conciencia de las cosas, de ahí que no podamos guardarnos de nuestros actos y esto nos obliga como un comportamiento de tirar hacia adelante a esforzarse, a luchar, a responder, a ser útiles, a ayudar y a valorar que lo único que somos es nuestros padres. Mañana lo seremos con gran probabilidad….

Quizás por esto mismo, hoy en día se decida no tener hijos.

Nuestro self, nuestro yo, se mejora y crece, respondiendo en estos momentos. No obviando lo evidente que por otra parte a todos nos toca en uno u otro momento como eterna ley de vida.

Las relaciones familiares en momentos de crisis son aspectos tratables y mejorables dentro de la terapia familiar. Si consideras que estás en esta situación  y crees que podemos ayudarte no dudes en llamarnos.

En los actos está la solución.