Adultos

Cuando la edad entra en nuestras familias. Abuelos.

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Las familias en general dentro de nuestra cultura occidental, sean del color o tipo que sean también cumplen ciclos de vida. Las parejas se forman, se consolidan, pueden o no tener hijos y todos crecen.

Cuando los papas y mamas cumplen años, ya en los momentos críticos de la tercera edad, los pilares emocionales, relacionales, vinculantes y comportamentales se ve afectados en distintas facetas. Todas ellas igual de importantes pues afectan directamente a las personas que componen ese marco relacional básico en el que nos desarrollamos como personas. Es un espacio referencial para todos.

Los efectos de esta nueva situación familiar pueden ser:

1-Pilar emocional

Los mayores, en el mejor de los casos sufrirán por lo poco que les queda, por verse incapaces en muchos menesteres de la vida cotidiana, de sentirse desatendidos y solos o al menos como ellos desearen.

Los hijos sentirán que algo de muy adentro se pierde para siempre, que la soledad también se apodera de ellos, que en muchas ocasiones han de repartir su tiempo para los cuidados reduciendo el de sus propios hijos y compañeros.

2-Pilar de las relaciones

Las relaciones se hacen más tensas, a la rigidez cognitiva de los padres mayores se le suma la sensación posiblemente acertada de cada hijo, de estar haciendo lo imposible y ver que los demás (hermanos), no responden de igual manera.

3-Pilar afectivo

La vinculación afectiva entonces se tambalea, todos se sienten fuera de la familia, se rompe el compromiso siempre cultural y educativo de cuidar de los mayores, se tejen alianzas, se oculta información y se comienza a entrar en la senda de la sospecha, de creer saber que buscan los demás. La crisis está servida.

4-Pilar comportamental

Los comportamientos se hacen agresivos, con faltas de respeto entre hermanos. Pero también y muy habitualmente, para con los padres. El contexto es de tensión y agotamiento, vacío, estupor incluso. Espacio en el cual es posible por naturaleza, que se manifiesten todo tipo de mecanismos personales de defensa, incluido el ataque. La ira como manifestación de la frustración. Que por otro lado los demás por haberse criado juntos tienen presente en igual medida. Menos mal que casi siempre contenida.

De esta manera lo que debiera utópica mente hablando, ser un momento apacible de transición hacia la pérdida irremediable, incluso en vida en el caso de los enfermos de alzheimer, se trastoca en una transición sediciosa. Donde antiguas alianzas entre miembros y comportamientos ocultos de todas las partes de la unidad familiar se enfrentan sin darse cuenta que ya todo está perdido. O precisamente por ese mismo motivo, llega el saqueo emocional y de todo tipo.

Los padres en la medida de los posibles reforzarán su alianza o elegirán otra nueva a reforzar en función de las atenciones recibidas, pues buscan sin más sobrevivir un poquito más. Los hijos e hijas, según les fuera la vida mientras vivían con sus padres, responderán normalmente en algún grado de ofrecimiento de ayuda, implicación y también de afecto. Aunque también alguno con argumentos siempre discutibles, se exima de la responsabilidad que corresponde, la que sea. Que si los estudios, que si los hijos o que si tanto trabajo.

Es el momento de pararse.

Tomar las riendas y tener claro en un plan lo más elaborado posible como “cuidar-ayudar-arropar” a los que aún continúan siendo padres pero ya poco eficaces y poco capaces. Es la hora del cambio generacional. De responder como adultos frente a este problema, es decir buscando soluciones efectivas y posibles y ponerlas en marcha lógicamente.

En este marco contextual se puede buscar ayuda:

1-  Para ver cómo ayudar y como hacer ese plan estratégico de afrontamiento de un ciclo familiar próximo a la finalización .

2-Se precisa de un espacio de escucha. Porque los participantes precisan de ser escuchados, en el afecto y el desafecto. Será un espacio de consenso y finalmente de   convenio como única salida para mantenerse personalmente y para continuar si se quiere con la familia.

3-Al hablar las personas se entienden, y no necesariamente deben acordarse temas relacionales que también, sino más bien funcionales y estructurales. Es decir, del cómo ayudar y del que hacer o como hacerlo.

4-Se trata de determinar la aportación de cada miembro y la valoración de las necesidades de apoyo externas que por ende llegarán. En este acuerdo el cuidado afectivo es vital para con los progenitores ya abuelos normalmente. Más importante que las comidas o la medicación, que también.

Unos podrán pasar noches con ellos, otros podrán pasear con ellos, otros podrán jugar, hablar, ver la tele, llevarlos a su casa.

Se trata de estar con ellos y de hacerles sentirse parte, incluso activos todavía.

El psicoterapeuta mediador, es buen punto de inicio cuando esta situación está ahí entre las personas y ya es inevitable mirar hacia otro sitio. Hablar, planear, concretar acciones es el único objetivo viable y válido para salvar lo que queda.

En Psiquiastur se os puede ayudar a encontrar un equilibrio que de sosiego a tanta confusión vital. Si crees que estas en esta situación que tarde o temprano llegara, no dudes en contactarnos. Será el inicio de un buen final.