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Terapia pareja

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Todo lo que aguanta se resiente, el tiempo marca el futuro y la dedicación puede  subsanar las heridas.

Son tres máximas inseparables en terapia de pareja. El roce fruto de las vivencias juntos que llevan a la búsqueda de soluciones de los múltiples problemas de la vida en pareja llevan al incierto futuro de la misma. Se puede salir reforzada pero también quemada. De las crisis se sabe que es bueno sacar provecho, de lo negativo o pesimista siempre se aprende al menos como evitarlo en el futuro. Y solo el tesón o las ganas o el afecto pueden mantener juntas a dos personas heridas o quemadas. La dedicación racional y afectuosa.

Buscando noticias

Como era de esperar el gran aparato que son  los medios de comunicación retoman desde sus archivos y rastrean otras informaciones buscando noticias. Lógicamente tras un periodo largo relativamente de confinamiento se espera que el resultado de fracturas en las parejas se dispare, al menos desde la visión economicista de la abogacía. Como es de esperar tras las vacaciones veraniegas.

Tiene lógica. El tiempo de compartir durante veinticuatro horas prácticamente juntos en todo implica problemas. Del tipo echarse cosillas en cara como quien hace más; del tipo peticionario rogatorio como nunca me cuentas nada, no me besas; del tipo queja personal que se traslada a la pareja como que aburrimiento de día; del tipo descalificador buscando bronca no sirves para nada, siempre estas igual, esto va a peor; del tipo sospecha como estas colgado del teléfono, ocúpate un poco de mí; del tipo sexual directamente como hagámoslo más veces; del tipo estresante como los críos son un rollo. Existen muchas y posibles clasificaciones que se van gradando  hasta las más  perversas, los maltratos, que   puedan aparecer o se acentúan.

Aporte de soluciones

Cuando este contexto familiar finaliza parece que las parejas ya sin defensas ni recursos optan según la economía y tener o no hijos, la educación recibida, la gravedad de la situación y finalmente el malestar psicológico, el cual tiene mucho aguante, por dejarlo directamente o por plantearse un intento por ambas partes de continuar en espera de que el tiempo les aporte soluciones  a tal  situación mágicamente. Si darse cuenta de que ese tiempo que tienen como referente jamás será el mismo. Lo pasado, pasado está. La solución viene en encontrar nuevos acicates o resortes de interés para estar juntos.

Al igual que todo fluye el tiempo más que otro devenir.  Y encima, marca un ritmo sobre las cosas. Esta estrategia de solución suele acabar siendo una manera de aplazar lo inevitable sobre todo cuando ya no es la primera vez que ocurre entre ellos.

En ocasiones deciden hablar sobre la relación y a veces lo acompañan con vino, tremendo error en ambos casos. Es cierto que se puede hablar de la relación tranquilamente, cuando las cosas, es decir la relación está bien, cuando está tocada  las recriminaciones acaban en amenazas y estas en separaciones. Si se hace con vino aumenta el riego de incomprensión mutua y de colisión.

La gran discusión

Es cierto que a veces tras una gran discusión donde se culmina en una broca verbal por aclarar las cosas se puede tranquilizar la pareja. Solo de momento, pues una de las partes cede en la discusión, para tranquilizar el ambiente, pero de fondo continúa el problema.

Quedan pocas salidas, entre ellas, esperar un poquito a que la situación amaine, se pueda hablar para aclarar lo que suele ser evidente y se tome la decisión pactada de poder renegociar el problema o problemas causantes de las desavenencias. El afecto es fundamental, hacer valer el valor del cariño y del amor es básico. La pareja es algo más que un dueto de amigos.

Ambos en ese caso se hacen cargo de la situación, se responsabilizan de los pactos por interés del mantenimiento de la relación de pareja  y actúan llevados por un intento cuanto más creíble mejor, de una motivación perdida para alcanzar la situación del tiempo pasado es decir del nivel cero en el cual comenzó el problema.

Evolución en alguna dirección

Todo está bien planteado hasta este apartado, y tengo que decir que como el tiempo marca y todo fluye también las necesidades y deseos de los miembros de la pareja evolucionan en alguna dirección. Como hablamos de crisis y rupturas de pareja posiblemente esa dirección sea bastante opuesta entre los dos. Por eso se producen.

Con lo cual se añade otro elemento a tener en cuenta que es la verbalización de lo que se necesita, desee o quiera en ese momento de solución. Cuando se está desesperado es difícil mantener un criterio o un fin determinado y lo más probable es que cambie cada vez que se levanten al día siguiente. Eso se define con serenidad, que es lo que no se tiene en esos momentos en los que se quieren y buscan soluciones.

Tiene que buscar sus propias soluciones

¿Las parejas tienen que encontrar sus propias soluciones? Claramente la respuesta es sí. Un si condicionado a que han de darse un tiempo antes de romper definitivamente, no dejándose llevar por la situación estresante determinante. Y manteniendo el tipo siendo receptivo, atento afectuoso y constante en el intento. Difícil.

El contexto de la terapia de pareja facilita este encuentro pausado, donde cada parte expone su dificultad, donde se valoran pros y contras de las necesidades y de las estrategias. En este sentido el psicoterapeuta es un conductor, facilitador motivador de los presentes en terapia de pareja que a lo sumo puede aconsejar de cuando en cuando, pero que ha de ayudar a buscar salidas saludables y reconfortantes para los presentes. Si creéis que la situación se acerca un poquito a lo descrito no dudéis en contactarme y hablaremos del  momento vivido